LOS TESTAMENTOS TRAICIONADOS
La verdadera idea de los enterramientos de El Escorial
En el cuarto centenario de la muerte de Felipe II (1598-1998) y del nacimiento de Carlos V (1500-1558)

Algunos de los estudios más importantes en torno al Panteón de Reyes del Monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial suelen incluir una confusión muy extendida. Éste no era el lugar originalmente previsto para enterrar a Felipe II y su padre. Una visita más detallada al Panteón y a los espacios que lo circundan evidencia algo muy diferente. Vamos a ver, desde el estudio de los documentos de la época, la incoherencia histórica que supone el haber apartado a Felipe II -que no olvidemos era el dueño y fundador del edificio- de la austera y desornamentada catacumba que él mismo eligió para su eterno reposo, para introducirlo en el suntuoso Panteón barroco. La carta de fundación del edificio decía en su cláusula 22: "usamos en esta parte de nuestro derecho, pues la fundamos, dotamos y labramos". Veremos documentos como el testamento de Felipe II que, no podía ser menos, su hijo Felipe III prohibió en 1611 no ya sacar copias, sino ni siquiera que nadie los viera sin un permiso expreso suyo.

Estatua de Carlos V Estatua de Felipe II Las estatuas de bronce del presbiterio que rodean al altar fueron puestas por Felipe II sobre sus verdaderas tumbas, en las que quiso enterrarse junto a su familia cercana, según consta en su testamento. En la actualidad, sólo el Emperador, la Emperatriz Isabel, Felipe II y la cuarta esposa de éste último están enterrados en el Panteón Real, bajo los escalones del Altar. Las tumbas originales de las estatuas se usan como trasteros, dejando al resto de su familia -incluido el Infante Don Carlos- en el Panteón de Infantes, bajo el convento. Tampoco es el único testamento traicionado: Carlos V también quería estar bajo los pies del sacerdote. Cuando se entierre a los padres de Juan Carlos I, actual rey de España, se llenará el panteón, a no ser que se devuelvan a su emplazamiento original las tumbas de sus fundadores.

Siguiendo este razonamiento, entendemos también que debería devolverse la unidad original de las familias de Felipe II y Carlos V, trayendo los otros seis familiares y a los pequeños infantes que ocupaban la cripta original. Los problemas generados por este traslado serían mínimos, ya que esta bóveda, que en el siglo XVIII se usó como sacristía, actualmente no tiene uso.

Así, las magníficas esculturas de Pompeyo Leoni, recuperarían la mínima coherencia que debiera exigirse a sus inscripciones, auténticas lápidas de las tumbas que hace justo ahora cuatrocientos años, a la muerte del rey Felipe II, ocupaban su cripta inferior.

Aún entendiendo que tal vez así disminuyera el interés turístico de poder contemplar directamente los ataúdes de los reyes, nos parece, sin embargo, que la única solución rigurosa con el pasado y la voluntad del fundador del Real Monasterio sería el traslado de Felipe II, su padre y sus familias a su bóveda original. Los visitantes deberían contentarse con un hecho habitual en la visita a cualquier cementerio: la contemplación de las estatuas que representan a los enterrados debajo. Más adelante, verían el hermoso panteón barroco.

De esta manera, los artífices de la solución actual, los Austrias del barroco, y sus sucesores podrían seguir ocupando el magnífico Panteón del siglo XVII, con sus dos lugares principales ocupados por sus verdaderos promotores: Felipe III y Felipe IV.

El Panteón de Reyes
El Panteón de Reyes

Aprovechando que el cuarto centenario de la muerte del rey se cumple en 1998, la posible ocupación de los cuatro nichos que quedarían desocupados es algo que podría solucionar, además, la actual falta de espacio en este soberbio panteón familiar de la dinastía real española (aprovecho este momento para agradecer a Pedro Martín Gómez el germen de ésta idea; ver Bibliografía, p. 134). Es probable que estas ideas parezcan demasiado pasajeras y equivocadas a algunos, pero habrán servido a su propósito si inspiran a otros o consiguen irritarles lo suficiente como para que presenten otras hipótesis que puedan sustituirlas.



INDICE

1. Los primeros proyectos: estudiaremos aquí el siempre difícil mundo de las primeras ideas arquitectónicas, con ideas que implicaron a artistas como Miguel Ángel (ap. 1558-1563).

2. La capilla funeraria bajo el Presbiterio: durante los primeros trabajos en el monasterio (ap. 1563-1568), los cuerpos reales se depositaban transitoriamente en el actual Panteón, que era entonces una capilla funeraria.

3. Los enterramientos bajo el altar: la idea finalmente elegida por Felipe II en 1568 fue enterrarse en una cripta entre el altar y esta capilla, bajo las estatuas del Presbiterio, que se terminó en 1586.

4. El Coro Alto y Bajo de la Capilla: nos centraremos a continuación en explicar la compleja sección de esta solución, que incluía dos coros para esta capilla, y buscaremos antecedentes similares a esta solución.

5. Los enterramientos imperiales en Granada: aquí estudiaremos otros enterramientos reales en España. Debemos fijarnos especialmente en las tumbas de los Reyes Católicos en Granada y en el proyecto no culminado de enterrar al Emperador en la cabecera de la Catedral, puesto que fueron proyectados en época de Felipe II (1565-68).

6 .El Panteón de Reyes y de Infantes: entre 1617 y 1654, se terminó el actual Panteón de Reyes, a donde se trasladaron sólo los reyes y madres de reyes. Para el enterramiento de los demás infantes y reinas se trasformó el coro superior en Panteón de Infantes, aunque en 1888 la reina Isabel II trasladó esta nefasta solución a los sótanos del convento.

7. Los cenotafios y la separación de las tumbas familiares: las estatuas del altar no se corresponden con las tumbas que hay debajo. Veremos que sí se correspondían cuando fue enterrado Felipe II (1598).

Conclusiones: está claro que la solución que dió Felipe II a la tumba de su padre no era muy vistosa y, además, había cambiado de idea a lo largo de los años. Lo malo es que el hermoso Panteón barroco traicionó sus ideas básicas, y de paso las de Carlos V. Y en algo debería contar que Felipe II fue el verdadero artífice y fundador del edificio, y que lo levantó, sobre todo, para enterrar a su padre. Debemos preparar el Panteón del siglo XIX de manera coherente con su historia y sus necesidades futuras para nuestros reyes actuales.

Anexo 1: los pudridederos. Publicado en Crónica, suplemento de El Mundo, el 16 de enero de 2000 por Ana María Ortiz. Sólo los monjes águstinos entran en él. Cubiertos de cal, los restos mortales de la Familia Real permanecen allí durante unos 25 años.

Anexo 2: Panteón de Reyes, susurro de la Historia de España. Publicado en Adiós, el abril de 2000 por Nieves Concostrina.

Bibliografía: pricipales libros y artículos sobre el proyecto de El Escorial y del Panteón Real. La mayoría son fuentes de la época en que se fundó El Escorial.


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